Este tanto es de mis favoritos de este autor, tanto por su música como por su letra. Lo escribía cada año en la agenda del curso… Además que fue el autor por el que comencé a interesarme por los coros con aquel “Guardia Real” de 1996… Hasta siempre Juan Antonio.
Calle Nueva
Los tango de Julio Pardo, los tangos de Julio Pardo
a mi me gustan aunque sean largos.
Las letras de Antonio Rivas, las letras de Antonio Rivas
a mi me llegan no hay que negarlo.
Resulta impresentable
a estas alturas “el longobardo”
quien hizo tan bellos tangos,
no necesita presentación.
Ahí está el de “Quo Cadix” y el del “Barrio Chino”
que dejaron su sabor… y
si señor, porque adoro el tango
cuando me gusta lo aplaudo, no importa quien sea su autor.
¡Ay!…ese coro chico
ese que es del Quico y del Pastrana, y del Pastrana
es el que tira pellizcos de sabores antiguos
y de la esencia mas gaditana.
El de los niños ni hablar
rebosante de arte
con un estilo original.
El tango viñero lleva sones que envenenan
tiene la ffragancia de la brisa caletera
su compás te hace que te baile el corazón
y este coro del Lamas
no hay quien lo hunda sigue cantando
y a defender sin tregua
a los autores, que con sudores
hacen un tango

Es la palabra y la actitud clave para poder gestionar una crisis, un conflicto de intereses, cualquier disyuntiva que encontremos, como por ejemplo la que vivimos con el Título de Arquitecto.
Ahora son los Colegios de Arquitectos los que se levantan con la hoz en la mano pidiendo justicia, justicia para que no cambie la estructura tan jerarquizada que esta institución ha ido consolidando desde la II República, época en la que aparecieron. Unos profesionales administrativos que han dejado pasar la mano en la validación de proyectos de ejecución firmados por un arquitecto y realizados por otros profesionales, cuando la potestad de firmar se toma teniendo toda la responsabilidad que acarrea dicha firma y que confirma que esa obra ha sido realización suya. En algunos Colegios, estas pasadas de manos se hacían hasta viendo que un mismo arquitecto firmaba al año seiscientos proyectos, algo materialmente imposible. Es uno de los muchos ejemplos que este fin de semana hemos visto en el I Congreso Nacional sobre el Futuro del Arquitecto, profesión muerta o que toca fondo en nuestro país porque estos profesionales no se han preocupado de bajarse de los cielos y explicarle a la sociedad lo importante que los arquitectos somos para la comunidad.
Un ejemplo claro de esto que estoy hablando es como si un médico cediera su competencia de operar a un enfermero y luego dicho médico se hiciera responsable de la operación, algo impensable y que la sociedad no permitiría por el bien de todos. Pues eso pasa con la Arquitectura y el Urbanismo día a día.
Los arquitectos no se han preocupado de que los que decidan sobre esta materia en la administración sea gente que no han recibido ninguna formación sobre dicha cuestión. Los Ayuntamientos tienen la potestad de decidir sobre la formación de las ciudades y la tramitación de proyectos… pero no tienen esos conocimientos, y han sido los arquitectos los han guardado ese saber para su culo y su endiosamiento. Porque mientras que la burbuja inmobiliaria diera dinero, no pasa nada, todos contentos, pero en el momento en el que el ladrillo dejó de ser el motor del país, todo se ha venido abajo y, además muchos de estos profesionales están ahora en la calle o están siendo explotados.
Y sin embargo, nadie dice que esta boca es mía, al revés, se habla para que se luche para que ese favor que los Colegios de Arquitectos hacen a la administración pública siga funcionando como tal, sin importar las barbaridades cometidas, echando la culpa a la poca formación que la sociedad de a pie tiene para entendernos. ¿Pero los Colegios se han preocupado para que dicha sociedad nos entienda? No, se han dedicado a formarse a sí mismos, a seguir siendo una élite entre las élites y a creerse que ningún otro profesional tiene la potestad de llevarnos la contraria por las cosas que hagamos.
Señores, la educación, la sanidad y la vivienda son los tres derechos fundamentales y los pilares en los que se apoya un Estado del Bienestar. Nadie duda sobre los dos primeros, competencia totalmente pública. Sin embargo, con el tercero, todos los implicados han aprovechado ese derecho para hacer negocio, un negocio muy sucio, haciendo que incluso una familia se hipoteque generación tras generación para pagar una vivienda de pésima calidad. No nos hemos preocupado, sin hablar del precio que se ha pagado por estas construcciones, de dudosa calidad.
Tenemos los mejores profesionales formados en el mundo de la Arquitectura, pero sin embargo son unos profesionales corruptos, no todos ellos, pero sí los que los administran. Por esto se ha derivado a la poca importancia que la sociedad da a los arquitectos, su categoría social no tiene nada que ver con la de un médico. Nos hemos olvidado de la moral que una firma pueda ejercer en la vida de las personas, del poder que nuestras decisiones someten a una familia, a todos. No hemos sido honestos con nosotros mismos, y sin embargo la profesión mira a un lado, no quiere saber nada y sólo se preocupa porque todo vuelva a ser como antes. A cualquier precio.
Los que no se sientan aludidos por esto que se expresa en esta carta, por favor, es el momento de plantearnos qué profesional queremos y a qué estamos llamados a ser en la sociedad. Por culpa de esta actitud ahora nuestra potestad de hacer arquitectura se verá truncada por la de otros profesionales que se dedican a hacer proyectos en serie sin tener en cuenta las peculiaridades que cada emplazamiento y cada sociedad tiene. Si la arquitectura que se hace en nuestro país ya es mala de por sí, imagínense cómo puede ser el panorama a partir de unos meses con la Ley de Servicios Profesionales que plantea una liberalización del sector. Es justo pagar por pecadores, pero no es justo que los profesionales que sí están implicados con la sociedad y que se preocupan porque ésta nos entienda veamos nuestro futuro truncado por una serie de chuflas chupatintas que durante estos años se han enriquecido a costa de todos. No podemos dejar que el sistema se coma al propio sistema. Hay que cambiarlo sí, pero con buen sentido y, sobre todo, con honestidad.
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Hashtag de twitter del Congreso por el que ha salido este escrito
Página web del Congreso
Posted 1 year ago
16 notes
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Considero los Carnavales de Cádiz como la ocasión excelente para hablar sobre temas candentes o denunciar sobre el estado de la sociedad en general y la de los gaditanos en particular. Es por ello que a veces tengo envidia de los autores de carnaval, puesto que es su voz la que es escuchada y aplaudida, a veces demasiado, lejos de si de verdad el respetable ha escuchado con atención la letra y ha entendido el mensaje concreto que, con la copla, se lanza.
Uno de los temas que rondan por mi cabeza desde hace tiempo y que ha renacido durante un fin de semana en el que he estado “exiliada” en Madrid, es precisamente el tema del título de este artículo. Al reencontrarme con un amigo de la adolescencia, y gaditano como la que escribe, que ha tenido que irse a “hacer los madriles” para continuar evolucionando puesto que Cádiz no le ofrecía demasiadas alternativas. En el encuentro surgió la pregunta, por supuesto común a ambos, de si “piensas volver a Cádiz alguna vez”, pregunta cuya respuesta, casi retórica, fue un “sí” rotundo.
Debido a ello, lanzo este tema para ver si algún autor de carnaval se le ocurre recogerlo este año. Porque somos cientos los gaditanos que tenemos que irnos de nuestra querida tierra para aprender lo que nos ofrecen en otras ciudades y así, al volver, poder implicarnos en la mejora y prosperidad de nuestra tacita.
Una vez me dijo un reconocido arquitecto que creció en nuestra ciudad y cuyos padres aún viven ahí es que “Cádiz sólo necesita pequeñas operaciones de costura”, una frase que también rondaba en mi cabeza desde hace muchísimo tiempo pero que nunca pude sintetizar tan conceptualmente como este personaje lo hizo. Y tiene razón. Por suerte nuestra ciudad es una de las pocas que está terminada, acotada, y que su única aspiración no es la de crecer, sino la de mejorar. Con pequeñas operaciones de costura podríamos hacer que Cádiz fuese una gran urbe con la calidad de vida que ya tiene y con la comodidad que tiene cualquier otra con metro y buenas comunicaciones. Pero para ello siempre diré que falta una actitud crítica desde la intelectualidad y la juventud que aún no tiene, puesto que esa juventud, la crítica, innovadora y, por ende, la idónea para que esa conciencia nazca y se desarrolle, se va de la ciudad a hacer prosperidad en otra parte.
Y sin embargo, casi la generalidad de los que la critican, tanto para bien y como para mal, resulta que son gente que no es de Cádiz, que ni creció allí y por consiguiente, no conoce los problemas reales que sí conocemos los que hemos pasado la mayor parte de nuestra vida en ella.
Se nos van nuestros jóvenes innovadores a otra parte, con la esperanza de volver algún día, pero con la desesperanza de que, cuando vuelvan, habrán perdido ese carácter joven y se habrán convertido en otro carca, sin ambiciones y sin ilusión, como los que hoy en día nos gobiernan y nos gestionan.
Podría poner ahora mismo una lista de más de veinte personas que conozco, gaditanas y de menos de treinta años con las cosas que han hecho y las que están por hacer y que ahora mismo se encuentran fuera de la provincia y con expectativas de seguir lejos, por lo menos diez años. A saber lo que habrán hecho nuestros gestores al cabo de ese tiempo. Exilio 1 - Cádiz 0.
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